‘NO IMPORTAN LAS HORAS QUE TENGAMOS QUE SEGUIR’: CONTINÚAN LOS RESCATES EN CIUDAD DE MÉXICO

Publicado por: | Publicado: septiembre 24, 2017 4:50 pm

Rescatistas y voluntarios trabajaban en un edificio colapsado en la avenida Ámsterdam de la colonia Condesa en Ciudad de México. Credit Adriana Zehbrauskas para The New York Times

CIUDAD DE MÉXICO — Sergio Iván Ruiz pasó más de 22 horas enterrado bajo los escombros de un edificio residencial de siete pisos, ubicado en la esquina de las calles Laredo y Ámsterdam. Cuando los rescatistas comenzaron a bajar del edificio en ruinas con su camilla, todos los presentes estallaron en aplausos y gritos de júbilo: “¡Bravo, Sergio! ¡Sí se puede!”. Eran las 11:13 de la mañana del miércoles, y Ruiz era el primer sobreviviente que lograban sacar desde hacía varias horas. Minutos antes habían desenterrado los cuerpos de un hombre y una mujer, ya sin vida.

La aparición de Ruiz reavivó la esperanza de los familiares y rescatistas que estaban allí: “Estoy acá desde ayer en la tarde y he visto que han sacado a once personas vivas”, explicó Israel Rodríguez, un rescatista de 32 años. “Estamos sacando escombros, trayendo comida al centro de acopio y ayudando en todo lo que podemos porque esta es nuestra ciudad y nada nos la va a quitar”.

El sismo de magnitud 7,1 que azotó a México el martes ha provocado hasta el momento 293 muertes en el país, según las autoridades, y la cifra más alta de fallecidos se registró en la capital mexicana con 155 personas.

En Ciudad de México las autoridades contabilizaron 39 edificaciones totalmente destruidas y las colonias Roma y Condesa amanecieron convertidas en zonas de desastre con múltiples calles cerradas para facilitar el acceso de maquinaria pesada, ambulancias, convoyes militares y el traslado de heridos. Muchos vecinos todavía no se recuperaban de la insólita circunstancia que los llevó a revivir, 32 años después, la tragedia del terremoto del 19 de septiembre de 1985 con un nuevo temblor que volvió a poner de luto al país.
“A las once de la mañana del lunes hicimos un simulacro en nuestra empresa y todos hacíamos chistes con lo del protocolo, pero jamás nos imaginamos que a la una iba a pasar todo esto”, explicó Carlos Rodríguez, de 38 años, quien miraba con asombro el rescate de Ruiz.

Poco después, un militar con el uniforme manchado salió rengueando de los escombros. Despeinado y con lágrimas en los ojos contó que Ruiz estuvo gritando toda la noche para que no lo olvidaran y supieran que seguía con vida. “Junto a él había cuatro o cinco personas más pero cuando llegamos ya no estaban con vida, solo pudimos sacar a Sergio”, explicó el oficial, que solo se identificó como el teniente Alejandre porque no estaba autorizado a dar declaraciones.

“No me siento un héroe, héroe es Sergio que nos dio la referencia y nos guiaba pero no llegamos a tiempo. No importan las horas que tengamos que seguir, acá estaremos con la gente”, aseguró Alejandre.

Aunque las diferencias entre ambos eventos son marcadas —el de 1985 fue un terremoto de magnitud 8,1 y provocó más de 10.000 fallecidos—, muchos mexicanos no han dejado de encontrar similitudes. “Es inevitable recordarlo porque todo vuelve a pasar en la zona lacustre de la ciudad, nuevamente los edificios se caen en esas colonias y las autoridades siguen cometiendo desmanes y restringiendo el paso de la ayuda”, explica el escritor mexicano Fabrizio Mejía Madrid, quien tenía 17 años en 1985.

Mejía formó parte de las brigadas estudiantiles que hace 32 años salieron por miles a meterse en los edificios derruidos para rescatar personas, mientras un penetrante olor a gas lo invadía todo, como ocurre ahora en muchas de las calles de la misma zona: “Es espantosa la actitud del gobierno de Peña Nieto que pretende ignorar el voluntariado, como lo hizo Miguel de la Madrid en 1985, y pretender que la reconstrucción arranca al día siguiente del sismo. Eso no es así, hay que rescatar a la gente primero”.

Pese a la tragedia que entrañan las pérdidas humanas, el autor de Arde la calle dice que encuentra múltiples motivos para sentirse orgulloso por lo que ha visto en su ciudad: “Veo a los chavos que están en las calles y me emocionan porque ellos no vivieron el terremoto anterior, quizá lo leyeron o vieron alguna película pero están conscientes de que deben ayudar. Creo que oralmente construimos una cultura de solidaridad y ayuda que debemos preservar”.

Escuchar a los mexicanos narrar lo que habían vivido, era como recordar las palabras de Carlos Monsiváis en su crónica del terremoto de 1985: “Se engendra al instante una zona de desastre, el desfile de escenas confusas que se asocia con las impresiones apocalípticas. El fin del mundo. El fin de mi mundo. La gente sale huyendo de los edificios, se lanza inútilmente a los teléfonos, previene a gritos contra el uso de los elevadores, se aglomera en los hospitales, peregrina en busca de sus familiares y relata inacabablemente su experiencia”.

Los fundamentos del rescate

Diversos expertos han señalado que el sismo del martes fue una prueba para las autoridades y los sistemas de ayuda y protección. Rafael Meza, especialista en salud pública y métodos de rescate de la Universidad de Michigan, explica que al momento de llegar a un territorio en el que acaba de suceder un desastre natural lo primero es garantizar la seguridad de los equipos de ayuda.

“Para poder rescatar a las personas hay que garantizar que los rescatistas no estén expuestos a sustancias peligrosas, gases tóxicos o explosivos y sustancias inflamables porque cuando se pican piedras, se rompen paredes y metal pueden suceder accidentes que imposibiliten el rescate”, explica el experto.
En el primer análisis de la zona declarada en emergencia existen muchos factores a considerar por los cuerpos de rescate: posibles conflictos sociales y económicos del lugar, estado de servicios básicos como agua, luz y teléfono, y vías para desarrollar estrategias primarias como el acarreo de escombros, o determinar cuáles son las zonas firmes para que puedan ser transitadas por el personal con el fin de despejar las ruinas de edificaciones.
“Puede sonar exagerado pero todo eso cambia las circunstancias del rescate, no es lo mismo atender un terremoto a las tres de la mañana que un sábado en vísperas de Navidad. Tenemos que trabajar con ciertas condiciones de seguridad”, explica Francisco Lermanda, jefe de operaciones para Suramérica de Los Topos, filial chilena del célebre grupo mexicano de rescate.

“No creemos en evitar la presencia de los voluntarios, eso depende de las autoridades de cada país, pero creemos que todo ese ímpetu del voluntariado se puede utilizar de manera positiva para que nos ayuden en tareas como la remoción de piedras y manejo de alimentos, entre otras actividades”. Lermanda y una cuadrilla de rescatistas profesionales chilenos están viajando a México para ayudar en las zonas afectadas por el sismo.

Un militar con el uniforme manchado salió rengueando de los escombros. Despeinado y con lágrimas en los ojos contó que Ruiz estuvo gritando toda la noche para que no lo olvidaran.
Existen diversos métodos para localizar personas en edificios derrumbados: además del uso de perros entrenados, Meza explica que cuando los rescatistas alzan el puño cerrado están exigiendo un silencio valioso para determinar si una persona se encuentra con vida o para escuchar el crujido de alguna estructura. Por otra parte, explica, quienes presenten cualquier tipo de proceso infeccioso no pueden ser voluntarios.

“Hay que entender que es una emergencia y la prioridad es rescatar a las personas con la mayor seguridad posible así que si tienen gripe o cualquier enfermedad viral o infecciosa no se presenten. Cuando finalmente se encuentra al herido se deben determinar sus signos vitales, controlar cualquier tipo de hemorragia o desmayo e iniciar el traslado lo antes posible en una camilla donde el cuerpo esté correctamente inmovilizado, no se puede perder el tiempo”, asevera el experto.

Los cuerpos de rescatistas, voluntarios y protección civil continúan con las labores de rescate en Roma y Condesa, mientras muchos mexicanos continúan a la espera de que aparezcan sus seres queridos. Cinthia Escamilla, de 34 años, espera desde el martes a las tres de la tarde sentada frente al amasijo de concreto y metal que quedó de un edificio de oficinas ubicado en Álvaro Obregón 286.

Buscaba noticias de su hermano Jonathan Noé Escamilla, de 38 años, que trabaja como contador: “Sigo esperando por mi hermano, él tiene que seguir en el edificio pero no sabemos nada desde que salió a trabajar a las ocho de la mañana de ayer”.

Después de 28 horas de espera, a las siete de la tarde del miércoles las autoridades le dijeron que todavía había diez personas adentro de las ruinas. Cinthia esperaba que Jonathan fuera uno de ellos.
The New York Times

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