IGNORÉ LAS NOTICIAS SOBRE TRUMP DURANTE UNA SEMANA… ESTO FUE LO QUE DESCUBRÍ

Publicado por: | Publicado: marzo 2, 2017 8:48 pm

El presidente Trump tiene residencia semipermanente en todos los medios, tanto los políticos como los que no lo son

La semana pasada ignoré al presidente Trump. Aunque normalmente soy adicto a la política, no leí, vi ni escuché un solo artículo que tuviera que ver con el presidente número 45 de Estados Unidos.

Según lo que me dijeron, me perdí de una de las semanas más extrañas e impredecibles en la historia política moderna. Entre otras cosas, renunció el consejero de seguridad nacional Michael T. Flynn y un video del programa Oprah Winfrey Show provocó la caída del nominado para liderar el Departamento del Trabajo Andrew F. Puzder.

Mi objetivo no era alejarme de la realidad. No renuncié a las noticias. En vez de eso, pasé la misma cantidad de tiempo en internet (todo el día), pero canalicé la mayor parte de mi energía hacia zonas libres de Trump.

Mi meta: quería ver qué podía aprender acerca de los medios modernos observando qué tanto los había cooptado Trump. De cierta manera, mi experimento fracasó: casi no pude encontrar partes libres del presidente en la prensa.
Sin embargo, durante la semana, descubrí varias verdades acerca de nuestro ecosistema de medios digitales. La cobertura de Trump podría eclipsar la de cualquier otro ser humano en la historia. Los motivos tienen tanto que ver con él como con la manera en que las redes sociales amplifican cada historia hasta que esta logra acaparar las noticias mundiales. Y por muy importante que sea cubrir al presidente, comencé a preguntarme si estábamos sufriendo de una sobredosis de noticias sobre Trump, hasta el punto de excluir todo lo demás.

El presidente Trump es ineludible

El nuevo presidente no solo domina las noticias nacionales y de política. Durante la semana en que intenté abstenerme de noticias sobre Trump, me di cuenta de algo más profundo: se ha instalado de manera semipermanente en todos los medios de cualquier tipo, ya sean políticos o no. Ya no representa el mensaje nada más. En muchos casos, se ha convertido en el medio, el éter a través del cual fluyen todas las demás historias.

Obviamente, cada rincón noticioso era campo minado, pero mi intención era mantenerme informado mientras evitaba a Trump. Seguí consultando los principales sitios de noticias, pero evité secciones que tendían a estar empapadas de Trump, y desvié mi mirada mientras buscaba noticias que no trataran sobre él. Pasé más tiempo en sitios internacionales de noticias como la BBC y busqué sitios sobre temas específicos como ciencia y finanzas. Consulté redes sociales de noticias como Digg y Reddit y, a veces, revisé Twitter y Facebook, pero a menudo tenía que hacer mi mejor intento para evitar todas las publicaciones sobre Trump (algunas noticias fueron inevitables; cuando renunció Flynn, un amigo periodista me envió un mensaje de texto acerca de eso).

Sin embargo, incluso cuando encontré noticias que no eran sobre Trump, en gran parte de ellas había una mención a él, así que el efecto final era como morder un pastel de frutas y nueces sin que el bocado tuviera frutas ni nueces.

No solo eran las noticias: Trump está en muchas partes. También está en The Bachelor e incluso en The Big Bang Theory, a cuyo creador, Chuck Lorre, le ha dado por insertar mensajes anti-Trump en los créditos de cierre. ¿Qué tal una ceremonia de premios? ¿Digamos los Grammy o los Golden Globes? Trump, Trump, Trump. ¿Y los deportes? También. Las políticas del presidente son una fuerza motriz en la NBA. Fue el subtexto del Super Bowl: tanto en el partido como en los comerciales, y quizá incluso en el espectáculo de medio tiempo.

¿Adónde más podría ir? Snapchat e Instagram eran relativamente seguros, pero incluso ahí aparecía el presidente. Hasta Amazon.com me sugería comprar papel de baño con la imagen de Trump como regalo de San Valentín para mi esposa (mejor le compré una joya).

Es posible que ninguna otra persona haya sido tan famosa en vida como lo es Trump en estos momentos. Credit Stephen Crowley/The New York Times
La fama de Trump podría romper todos los récords

Todos los presidentes son omnipresentes. Pero es probable que ninguna otra persona haya sido tan famosa en vida como lo es Trump en estos momentos. Es posible que ni siquiera las personas más famosas o tristemente célebres del pasado reciente o distante —por ejemplo, Barack Obama, Osama bin Laden, Bill Clinton, Richard Nixon, Michael Jackson, Muhammad Ali o Adolf Hitler— dominaran los medios de manera tan homogénea en su momento cumbre como lo está haciendo Trump.

Esto es una suposición, porque no hay información con la que se pueda verificar directamente esa afirmación (desde luego, no hay análisis de medios para medir cuántos canales de noticias estuvieron cubriendo a Hitler el día que invadió Polonia), pero hay evidencia circunstancial bastante útil.

Consideremos la información de mediaQuant, una firma que mide “los medios obtenidos”, es decir, toda la cobertura que no es publicidad pagada. Para calcular el valor en dólares de los medios obtenidos, primero cuenta cada mención de una marca o personalidad en casi cada canal noticioso, desde blogs hasta Twitter, las noticias de la tarde o The New York Times. Después calcula cuánto costarían las menciones si alguien las pagara como publicidad.

En enero, Trump rompió récords en mediaQuant. En un solo mes, recibió 817 millones de dólares en cobertura, la cifra más alta que cualquier persona haya obtenido en los cuatros años que mediaQuant ha analizado los medios, de acuerdo con Paul Senatori, el director de análisis de la empresa. Durante gran parte de los últimos cuatro años, el valor mensual que Obama obtenía en los medios rondaba los 200 o 500 millones de dólares; la cifra más alta que obtuvo Hillary Clinton durante la campaña presidencial fue de 430 millones de dólares en julio.

No es solo que la cobertura de Trump supere a la de cualquier otra persona. Ahora está superando a todos de manera conjunta. Senatori hace poco agregó el valor de cobertura de mil de los personajes mejor conocidos, sin contar a Obama ni a Trump. La lista incluye a Clinton, quien en enero obtuvo 200 millones de dólares en cobertura, Tom Brady (38 millones), Kim Kardashian (36 millones) y Vladimir Putin (30 millones), hasta la celebridad más mencionada en la posición número mil en la base de datos de mediaQuaint, la actriz Madeleine Stowe (1001 dólares).

La cobertura que esas mil personas obtuvieron el mes pasado tuvo un total de 721 millones de dólares. En otras palabras, Trump obtiene cerca de 100 millones más en cobertura que los siguientes mil famosos juntos. Además, está en camino de empatar o superar su récord de enero en febrero, de acuerdo con las cifras preliminares de Senatori.

¿Cómo sabemos que se habla más de Trump que de cualquier otra persona en el pasado? Ahora hay más personas en el planeta que están más conectadas que nunca antes. Facebook calcula que cerca de 3,2 mil millones de personas tienen conexión a internet. En promedio, los seres humanos pasan cerca de ocho horas al día consumiendo medios, de acuerdo con la firma de investigación de mercado Zenith. Así que, casi por definición, las personas leerán, hablarán y observarán más que nunca antes a quien domine los medios de hoy.

“Desde una perspectiva de medios, es muy claro”, dijo Senatori. “El volumen absoluto y la cantidad absoluta de consumo, así como todos los nuevos canales disponibles hoy muestran que, en efecto, Trump es fuera de serie”.

Pero ¿no deberíamos todos estar pensando en Trump?

Trump es un presidente históricamente inusual y por lo tanto merece mucha cobertura. Sin embargo, se podría argumentar que nuestro ecosistema moderno de medios, impulsado por la tecnología, está amplificando su presencia más allá de lo necesario.

En la mayoría de los días, Trump conforma el 90 por ciento de las noticias en mis cuentas de Twitter y Facebook, y probablemente también en las tuyas. Sin embargo, él no es el 90 por ciento de lo que es importante en el mundo. Durante mi descanso de las noticias de Trump, encontré importantes ramas de cobertura que no están obteniendo interacciones en las redes. El Estado Islámico está retrocediendo en todo Irak y Siria. Brasil parece estar al borde del caos. Una plataforma de hielo en la Antártida está a punto de deshacerse por completo. Científicos pudieron haber descubierto un nuevo continente sumergido bajo el océano cerca de Australia.

Hay un motivo por el que estas historias no reciben el despliegue que merecen. Los medios de hoy funcionan según los circuitos de retroalimentación en las redes sociales. Cada artículo que muestra cualquier señal de vida en Facebook o Twitter se copia infinitamente por todos los canales noticiosos, y así se hace ineludible.

Los académicos han predicho desde hace mucho que las redes sociales podrían alterar la manera en que elegimos los productos culturales. En 2006, Duncan Watts, un investigador de Microsoft especialista en redes sociales, y dos colegas publicaron un estudio en el que afirmaban que las señales sociales generan una suerte de “desigualdad” en la manera en que elegimos los medios. Los investigadores lo demostraron con un mercado en línea para descargar canciones. A la mitad de las personas que llegaron al sitio de descargas de Watts se les mostraron solo los títulos y el nombre de la banda de cada canción. A la otra mitad también se le mostró una señal social: cuántas veces habían descargado las canciones otros usuarios.

Watts y sus colegas hallaron que agregar señales sociales afectaba la decisión de las personas. La desigualdad aumentó: cuando las personas podían ver qué estaban descargando los demás, las canciones populares se hacían más populares, y las canciones poco populares se hacían menos populares. Las señales sociales también generaron una mayor imprevisibilidad de los resultados: cuando las personas podían ver las canciones que los demás habían elegido, era menos probable que los índices colectivos de cada canción predijeran éxito y era más probable que las canciones malas se hicieran populares.

Sospecho que algo parecido está pasando con las noticias sobre Trump. No es que la cobertura de la nueva administración no sea importante. Evidentemente lo es pero las señales sociales —los me gusta, los retuits y otros— la están amplificando.

El volumen no es sustentable

Tan solo ha pasado un mes desde que Trump asumió el cargo y el torrente de noticias ya ha sido abrumador. El nivel de todos —reporteros, productores, conductores, manifestantes, la gente que trabaja en la administración y los consumidores de noticias— se ha elevado más allá del máximo.

Por ahora, puede que eso esté bien. Es importante poner reflectores sobre el gobierno federal cuando están ocurriendo grandes cambios.

No obstante, es probable que Trump sea presidente por lo menos los siguientes cuatro años. Y quizá no es buena idea que todas las noticias se enfoquen en un solo tema durante tanto tiempo.

En eras anteriores, las noticias eran capaces de encontrar un equilibrio sensato incluso cuando grandes sucesos preocupaban al mundo. Durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial los periódicos estaban llenos de artículos que nada tenían que ver con la guerra. Los diarios de hoy también están llenos de reportajes que no tienen nada que ver con Trump, pero muchos de nosotros ya no leemos los periódicos. Leemos noticias en Facebook y vemos televisión por cable, y en esos medios solo se habla de Trump; casi todos los demás están excluidos.

No hay una solución fácil para este problema. Pero por grande que sea Trump, no es todo… estaría muy bien que encontráramos una manera en que el ecosistema de medios pudiera reconocer esa situación.
THE NNEW YORK TIMES/
Por FARHAD MANJOO

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